Propiedades y beneficios de las Acelgas

La acelga (Beta vulgaris cicla), una hortaliza de hoja verde de gran valor nutricional, tiene varios beneficios para la salud bastante impresionantes. No sólo favorece la integridad de los huesos y ayuda a prevenir la osteoporosis, sino que también reduce los niveles de inflamación, favorece la coagulación de la sangre y ofrece protección antioxidante para prevenir enfermedades crónicas.

Además, las acelgas son excelentes para la vista, ya que favorecen la agudeza visual, son un buen alimento para la salud de la piel y, al mismo tiempo, refuerzan el sistema inmunitario. Si se consume cruda o en zumo, aporta importantes cantidades de vitamina C con beneficios antioxidantes y antiinflamatorios.

El generoso contenido en hierro de esta hortaliza ayuda a prevenir la anemia, mientras que su excelente contenido en vitamina K contribuye a prevenir la calcificación arterial y la aterosclerosis. El cobre y la vitamina E tienen grandes propiedades antienvejecimiento, mientras que la vitamina A favorece el sistema inmunitario y la buena visión. Por último, la verdura tiene un contenido relativamente alto de vitamina C, que contribuye a sus propiedades antiinflamatorias. En general, las acelgas son una opción ideal para una dieta realmente saludable.

Beneficios de las acelgas

¿Qué aspecto tienen las acelgas?


La acelga es una hortaliza de hoja verde de origen europeo. Tiene hojas anchas, de color verde intenso o rojizo, carnosas, con tallos gruesos de color verde, rojo ruibarbo, amarillento o blanco. Debido a su extenso uso tanto en la cocina europea, especialmente en la mediterránea, como en la americana, ha recibido muchos nombres, como acelga suiza, mangold, espinaca de remolacha, seakale, etc.

En general, se parece a cualquier verdura de hoja verde, con sus características hojas anchas y carnosas y sus tallos gruesos y crujientes. Las hojas de acelga cocidas se vuelven blandas y ligeramente blandas, parecidas a las espinacas. Los tallos y las nervaduras de las hojas conservan su textura y forma y son similares a los espárragos cocidos.

¿A qué saben las acelgas?


Las acelgas tienen un sabor único, ligeramente terroso, que recuerda al de las espinacas y las remolachas, con las que están emparentadas, de ahí los nombres de remolacha plateada o espinaca. Tiene pocas calorías (sólo 19 kcal/100 g) y, por lo tanto, es muy agradable para la figura. Las hojas más nuevas y tiernas son tiernas y carecen del amargor característico de las hojas maduras, por lo que puede disfrutarlas frescas en una ensalada junto a pepinos, rábanos, cebollas o aceitunas y queso feta. Las hojas maduras son carnosas, crujientes y muy amargas, al igual que los tallos. Vea también los beneficios de las hojas de remolacha.

¿Cómo consumir las acelgas?


Se recomienda cocer primero las pencas durante varios minutos y luego añadir las hojas para que estén listas al mismo tiempo (las pencas de acelga son gruesas y tardarán más en cocerse que las hojas). Si la verdura le resulta demasiado amarga, siempre puede cortar las pencas y las venas grandes y conservar el resto de la hoja. Sorprendentemente, las acelgas saben muy bien rellenas de carne y cocidas al horno o al vapor con un poco de mantequilla, ajo y una pizca de sal y pimienta.

Sin embargo, al igual que las espinacas y la mayoría de las verduras, las acelgas crudas contienen ácido oxálico, un compuesto natural que puede resultar tóxico si se ingiere en grandes cantidades. El ácido oxálico puede causar insuficiencia renal si se ingieren más de 15-20 g. Afortunadamente, ninguna dieta normal y equilibrada puede aportar esa cantidad de este antinutriente. Los riesgos son mayores para las personas que ya padecen problemas renales, especialmente insuficiencia renal. Sin embargo, la cocción de las hojas y los tallos durante al menos varios minutos destruye el ácido oxálico y anula sus efectos secundarios.

¿Qué beneficios tiene el consumo de acelgas?


¿Para qué son buenas las acelgas? Descubra a continuación cuáles son los 7 principales beneficios de las acelgas para la salud:

Buenas para la vista


Con un 204% de la CDR de vitamina A, las acelgas son excelentes para mantener una buena vista. Una deficiencia más grave de vitamina A puede provocar problemas de visión y ceguera nocturna. Las acelgas también son ricas en alfa-caroteno, beta-caroteno, luteína y zeaxantina, potentes antioxidantes que nuestro cuerpo convierte parcialmente en vitamina A. La luteína y la zeaxantina, por ejemplo, completan físicamente la zona de la mácula lútea y la retina, protegiendo contra los radicales libres de la luz (azul) y previniendo la degeneración macular (pérdida de la visión central).

Refuerza la inmunidad


Las altas cantidades de vitaminas A y C de las acelgas las convierten en un excelente alimento para reforzar el sistema inmunitario. La vitamina C es un agente antiviral y antibacteriano extremadamente potente, conocido por reducir la inflamación y aumentar la agresividad de los glóbulos blancos, contribuyendo así a una buena inmunidad.

La vitamina A protege la integridad de las membranas mucosas, como las que recubren el interior de la nariz, la boca, la garganta, los pulmones y el tracto digestivo, las zonas directamente expuestas a las bacterias y otros patógenos. Una cantidad suficiente de vitamina A en la dieta evita que los patógenos causen infecciones y enfermedades, y las acelgas y las verduras de hoja verde son algunas de las mejores fuentes de este nutriente.

Promueve la salud de los huesos

Aunque es una fuente pobre de calcio, la acelga es una fuente absolutamente sorprendente de vitamina K (692%), un nutriente con extraordinarios beneficios para la salud. La vitamina K asegura la correcta absorción del calcio en los huesos y dientes, contribuyendo así a una estructura ósea fuerte y sana. Además, al mantener el equilibrio hormonal, regula los procesos de formación ósea, preservando la integridad de los huesos y previniendo su desmineralización, causa principal de la osteoporosis.

Reducción del riesgo de aterosclerosis y enfermedades cardiovasculares


De nuevo gracias a su increíble contenido en vitamina K. Como dirige el calcio hacia los huesos y los dientes, la vitamina K impide que se absorba en otros lugares, como las articulaciones, los ligamentos, las paredes de las arterias o las válvulas del corazón. Cuando una persona tiene una carencia de vitamina K y un consumo elevado de calcio, éste puede depositarse en las paredes de las arterias, endureciéndolas y restringiendo el flujo sanguíneo. Esto se conoce como aterosclerosis y representa uno de los principales factores de las enfermedades cardiovasculares.

En resumen: asegúrese de incluir en su dieta alimentos ricos en vitamina K, como acelgas, espinacas, col rizada y perejil, para tener unas arterias sanas, pero consulte primero con un médico si le han recetado anticoagulantes, porque la vitamina K también favorece la coagulación de la sangre.

Reduce los niveles de inflamación en el cuerpo


Las acelgas son ricas en compuestos antiinflamatorios naturales como las vitaminas C y K. Las investigaciones han revelado que los niveles elevados de inflamación preceden a enfermedades crónicas como el cáncer, la diabetes, la obesidad y la demencia, entre otras. Una ingesta saludable de frutas y verduras de cultivo natural con excelentes propiedades antiinflamatorias debería ayudar a mantener los niveles de inflamación dentro de los límites normales y prevenir el desarrollo de enfermedades más graves.

Previene la falta de hierro


Las acelgas son una buena fuente de hierro, ya que 100 g aportan el 22,5% de la CDR. El hierro es necesario para la producción de glóbulos rojos, que transportan el oxígeno a los pulmones, los músculos y los tejidos, dándonos la «energía» para caminar, hablar, trabajar, comer y hacer casi todo. Una deficiencia se manifestará en forma de fatiga, irritabilidad o dolores de cabeza y puede evolucionar a síntomas más graves si no se trata.

Propiedades anticancerígenas


Las acelgas son ricas en antioxidantes naturales y agentes antiinflamatorios que protegen contra la acumulación de daños causados por los radicales libres, conocidos como estrés oxidativo, uno de los principales desencadenantes del cáncer. Entre ellos se encuentran las vitaminas C y K. Un estudio reciente ha revelado que altas dosis de ambos nutrientes (5.000 mg de vitamina C y 50 mg de vitamina K3) pueden detener con éxito la proliferación de las células del cáncer de próstata. Estos hallazgos son realmente sorprendentes, especialmente cuando los resultados preliminares son bastante prometedores. Hasta que se publiquen los resultados definitivos, podemos recurrir a la prevención como mejor método de protección. Esto significa que comer alimentos ricos en nutrientes esenciales, vitaminas C y K incluidas, es la mejor estrategia.